Lola Blasco

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Por Paula Itfish

“El silencio es peor que el conocimiento, por terrible que este sea”

Hace más de un año hacía una entrevista a Lola Blasco, mi maestra y sin embargo amiga, a la que debo inspiración. Ahora, un año después, recoge el Premio Nacional de Dramaturgia por Siglo mío, Bestia mía y está a punto de estrenar en Madrid su última obra, La armonía del silencio. Con ella aprendí a leer filosofía en literatura y la historia de España de otra manera. Y de tantas maneras posibles, a mi esta me parece bastante acertada…


Ha pasado ya más de un año desde la anterior entrevista, un año en el que ha caído el gordo… ¿Qué supone el Premio Nacional de Literatura Dramática o qué se presupone de él?

Sinceramente, intento no presuponer demasiado. Me alegra que hayan premiado una obra con un lenguaje tan particular como el de Siglo mío, Bestia mía. Es una obra que la siento en las entrañas y poder compartir algo así con los demás, poder acompañar a los que se han sentido como yo, me consuela en estos tiempos que vivimos. Para mí Siglo mío, Bestia mía es casi como una carta en una botella en mitad del océano. Espero que el premio ayude a que la obra llegue a todos aquellos que se han sentido náufragos de su tiempo.

¿Es el apoyo estatal, ya sea con este tipo de premios o con becas, fundamental en la cultura?

Sí lo es. Hay que invertir en cultura al igual que hay que invertir en educación. Es lo mismo. La cultura no es sólo una vía de escape, es una de las tantas herramientas que los hombres tienen para reformular el mundo. El dinero público debe apoyar ese tipo de cultura cuya necesidad se basa en generar preguntas, lazos, pactos.

En las palabras pasadas que mantuvimos mencionabas algo que yo he seguido repensando: “Todo es cuestión de costumbre y los que nos dedicamos a generar cultura tenemos también una responsabilidad en cuanto a qué costumbres queremos generar.” ¿Es la cultura ese espacio en donde, por así decirlo, nos acomodamos o acostumbramos, a las diferencias en las que nos reconocemos? ¿Qué papel juega esa responsabilidad de la que hablas?

El gusto se educa. Nos gusta lo que podemos comprender, traducir… A veces hay que apostar por otras formas de cultura durante algún tiempo para que se genere esa familiaridad que nos va a permitir construir un nuevo diálogo. Los creadores tenemos la responsabilidad de comprometernos con nuestro trabajo y de asumir riesgos si queremos provocar una transformación en nuestros referentes culturales.

¿Es la cultura, en el fondo, herida?

El conocimiento es herida y aunque estamos avisados no podemos escapar a su seducción.

Cuando leí el título de tu última obra La armonía del silencio, me vino a la mente la frase de Kafka en aquel cuento El silencio de las sirenas cuando decía: “Las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. Es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio” “¿Qué armonía hay en el silencio?

Con La armonía del silencio quería dar cuenta de lo no dicho, “lo indecible” que diría Heidegger. Sin duda el silencio es peor que el conocimiento, por terrible que este sea. Con esta obra he intentado ajustar cuentas con mi pasado, he intentado sacar del silencio las historias de los que no fueron escuchadas, aquellas que no tuvieron voz, ni nombre, ni lápida. Esas miles que todavía se encuentran en fosas comunes y que, aunque en silencio, claman porque se haga justicia. En el camino me he encontrado con el diablo. Aunque dicen que eso suele pasar. Dicen que el diablo se aparece en los cruces de caminos, para desviarnos. Mi fracaso al intentar poner en palabras algunos temas me hizo recurrir a la metáfora musical. La música se acerca, más que cualquier otro lenguaje, a expresar lo inexpresable.

¿Hay habladuría, balbuceo en la cultura?

Habladuría mucha. Balbuceo no tanto. Yo prefiero el balbuceo a la habladuría. El balbuceo tiene que ver con las preguntas y no con las respuestas. Tiene que ver con el aprendizaje, con la recuperación de la inocencia (que no del infantilismo). El balbuceo permite ver el mundo como si se viera por primera vez.

¿Podríamos decir que la reflexión sobre la tradición es el telón de fondo de tu obra? ¿Qué espectros se esconden en ella?

No sé si entiendo bien tu pregunta… A ver, creo que tanto a nivel temático como estético tengo siempre presente el pasado, mis raíces, pero es que creo que en eso consiste, precisamente, el ser radical. Me interesa el origen. El origen de las lenguas, de las fábulas, de los conflictos… Sobre los espectros… A veces siento que precisamente ese origen nos hace cargar con una pesada mochila. Una mochila llena de piedras. Cada vez que comprendo alguna de las cosas que me inquietan siento mi carga más ligera. Me deshago de algunos “fantasmas”. No sé si he respondido a tu pregunta.

¿En qué consideras que ha cambiado la dramaturgia del siglo XX a la del XXI?

Creo que la dramaturgia del XX, debido al profundo desencanto, era una dramaturgia individualista, muy centrada en el “yo” y en el rechazo al pasado. Me interesa la dramaturgia del XXI porque ese “yo” tiene la voluntad de un “nosotros”. En la dramaturgia del XX se pretendía romper con el pasado, en la del XXI se asume con el objetivo de superarlo. La dramaturgia del siglo XXI no podría entenderse sin la dramaturgia del XX, por lo que asume muchas de sus características. Pero es una dramaturgia más conciliadora. Creo que busca, en mayor medida, el diálogo.

Actualmente tu línea de investigación es la confesión en la dramaturgia… ¿Sigue teniendo hoy en día la confesión un matiz místico, cercano al sacramento religioso?

María Zambrano dice que “la confesión parte de sentirse enemistado” y yo comparto esta idea. La confesión parte de sentirse enemistado, ya sea con uno mismo, con la vida o con Dios. Es desde ese lugar desde donde me interesa como mecanismo. La confesión es un estado complejo en el que el agente (el que se confiesa) es a la vez víctima y verdugo de sí mismo. El que se confiesa se mueve por la libertad de ejercer la palabra, aún contra sí mismo, con la voluntad de que se produzca una mejora. Esa transformación, esa mejora, que se produce en el cuerpo de aquel que ejerce la palabra, de aquel que actúa como penitente, ha de servir de ejemplo al resto. Me parece sugestivo pensar en algunas muestras del teatro español de los últimos años desde esta perspectiva. Creo que algunas piezas de Angélica Liddell, Ana Vallés o Sara Molina podrían dar buena cuenta de lo que estoy diciendo. No obstante, me parece importante no confundir la confesión con la dramaturgia en primera persona. Si en la dramaturgia en primera persona el fin está en uno mismo, para que se produzca una confesión verdadera el fin ha de estar puesto en los otros, en la sociedad. Por ello, en una confesión no va a tener tanta importancia la veracidad de los hechos retratados como la posibilidad de que todos puedan verse reflejados en dichos hechos, es decir, se va a primar el carácter íntimo de lo relatado (común a todos los seres humanos) frente a la anécdota privada carente de valor para el resto. La confesión surge de una profunda violencia hacia uno mismo, de un verdadero acto de deslealtad. Pero la deslealtad no es sólo para con uno, sino que también implica estar al margen de la “legalidad”. El que se confiesa establece un juicio tanto hacia sí como hacia el resto y eso, en muchas ocasiones, implica decir cosas que no casan con lo que piensa la mayoría. O decir cosas que la mayoría piensa pero jamás diría en público por temor a las consecuencias. En ese sentido, y tal y como entiendo la confesión en este momento, para mí estaría cerca de la figura del parresiastés. Como diría Foucault, el hecho de que un hablante diga algo peligroso, diferente de lo que cree la mayoría, es una fuerte indicación de que es un parresiastés. En definitiva, me interesa la confesión en cuanto construcción y mejora de la identidad y en cuanto construcción y mejora del entorno. Respeto a aquellos que creen que alguien puede darles el perdón que necesitan, pero yo no creo en eso. Creo en el proceso constante y en aquello de que una vida sin examen no merece ser vivida. Y esto no tiene que ver con ninguna institución o iglesia.

Influencias, inspiraciones…

Tantas… Adoro la literatura de Walser, de Sebald, de Coetzee, de Quignard… En mi escritura me siento influenciada por Kafka, Müller, Jelinek, Bernhard o Koltés. Pero siempre que me pierdo vuelvo a Melville, a Conrad, a Shakespeare. En cuanto a aquellos que despiertan mi mente hablaría de Benjamin, Adorno, Agamben y Zambrano. Y dejo ya esta lista porque me siento una traidora dejando fuera a tantos.

En Hijo de las Nubes, una de las obras más fascinantes, hablas desde una posición distanciada de la contingencia histórica, observadora del vacío, sobre la que recae el peso de las heridas pasadas, la Dictadura, la Democracia… Una visión nostálgica y de fondo el Sáhara…

En esa pieza pretendía señalar no sólo la mala colonización que hizo España en el terreno, sino de la peor descolonización que llevó a cabo. La situación de los saharauis es tremendamente injusta. Una sociedad decente no puede permitir la indignidad de sus pueblos y nosotros, como españoles, tenemos una responsabilidad con nuestros hermanos, los saharauis. Cuando me enteré de la matanza del Aaiún me di cuenta de lo poco que sabía de aquellos que habían tenido pasaporte español, como yo. Decidí viajar para dar testimonio. Al final fue un viaje a mis raíces. La escritura es mi herramienta, me considero obrera de la palabra, me parecía que no utilizar mi palabra para hablar de este tema era faltar a mi trabajo. Yo simplemente di cuenta de mi experiencia pues eso era cuanto podía hacer.

Últimamente en los círculos artísticos se debate mucho sobre la Alta cultura vs. La cultura popular ¿Qué opinas?

Pues supongo que es el eterno debate. Yo, si te soy sincera, querría poder llegar a todo el mundo. Cuando he visto que alguna persona se iba de una obra mía me ha generado mucha tristeza. A veces, si me ha pillado en el escenario, hasta los he despedido. Me gustaría llegar a todo el mundo, pero me niego a creer que el nivel de discurso al que nos tienen acostumbrados es el límite de las posibilidades de las personas que leen o ven lo que yo hago. Me interesa escoger la palabra que sea más sencilla para decir las cosas, cada vez persigo esto con más ahínco, pero no por ello rebajo el nivel conceptual de lo planteado: Todo es cuestión de costumbre y los que nos dedicamos a generar cultura tenemos también una responsabilidad en cuanto a qué costumbres queremos generar.

Vivimos tiempos en que la gente pide un cambio ¿la revolución es interior o exterior?

La revolución es interior y exterior al mismo tiempo. Para que la revolución exterior se produzca hay que creer en su posibilidad, pero también muchos creerán en otras posibilidades cuando vean un cambio externo. Lo importante es que si la gente pide un cambio es porque el cambio ya ha comenzado.

“El mar, nuestro mar está otra vez abierto, tal vez no haya habido jamás un mar tan abierto” (Lola Blasco, En defensa de un teatro político-revolucionario, 2011)…

Esa obra surge al hilo del 15M. Supongo que estaba triste e indignada. Como tantos otros. La obra planteaba el drama del exilio juvenil debido al desempleo. Para mí ese “bájense de la ballena” en la puerta del Sol, “bájense de la ballena que puede ceder” fue un momento histórico que tenía que atrapar con las uñas. Fue uno de esos momentos que en mi opinión dan cuenta de una época. La gente estaba en la calle, habían comprendido.

La frase que citas pertenece a Nietzsche, yo se la robé. La utilicé porque me parecía óptima en ese momento. El primer paso era comprender lo falso de los argumentos anteriores. Ahora el problema era cómo encontrar consuelo ante la rabia y la tristeza del que comprende que está desamparado sin caer en la violencia. Como seguir, en definitiva, resistiendo hasta que se produzca el cambio. Y la única solución que encontré fue mirar al pasado y traer a colación, redimir, a aquellos que antes sufrieron lo mismo. Para evitar que los errores se repitan generación tras generación. Y por eso en la obra se mencionan los barcos cargados de exiliados republicanos, y por eso en la obra se cita a Ovidio, sus Tristes, porque cuando uno tiene compañeros de fatigas, el camino se despeja, un poco…Para mí era importante en ese momento hablar de resistencia, hablar de Weiss de los espartaquistas, de Rosa de Luxemburgo, y parece que ahora llega el cambio, parece que el mar está abierto… (Yo, desgraciadamente, soy una idealista pese a todo, veremos qué pasa).

Quizá no todo el mundo esté preparado para la idea de Walter Benjamin de lo abierto…

¿Y para qué estamos pre-parados? (Sé que no es la respuesta que querías pero no he podido evitar el chiste fácil) Creo que es importante mirar al pasado, concebirlo en la linea de Benjamin como un pasado abierto que nos interpela de forma directa negando el tiempo como algo progresivo, puesto que la historia la han hecho los vencedores, no los vencidos, y por tanto nuestra historia está manchada con la sangre de todos los que perecieron. Creo que existe la posibilidad de redención en el presente, y que el futuro está también ahora en nuestras manos. Comprender esto puede darnos una posibilidad. A veces imagino que nuestra sangre es una especie de usb en el que se almacena toda la información, la del pasado, la del futuro… La pregunta es ¿qué hacemos con esta información?

Con Los Hijos de las nubes nos retratas ese nihilismo existencialista, esos ojos cerrados de la sociedad española, esa herida y huella del pasado y ese contenedor vacío que hoy es la democracia a través de la historia del Sahara, un relato sin duda molesto, cuanto menos interesante, de la mano de la filosofía de Walter Benjamin…

Creo que hiciste un acercamiento muy generoso. Yo sólo añadiría que la obra habla también de la importancia del testimonio, de entender la escritura como testimonio, para que no se pierda aquello que iba a quedar en el olvido. No tengo grandes esperanzas en el presente, pero sí creo en el futuro. Y el testimonio es importante para construir futuro.

Desde la Ilustración hemos ido renunciando a la espiritualidad ¿es necesario recuperarla?

Depende lo que entendamos por espiritualidad. Ahora vivimos en un tiempo de fe, fanatismo y violencia. Y esto viene provocado, en parte, por la crisis económica. Para mí es importante que la razón ceda parte de su dominio a la emoción y al corazón. Quizás las personas no sepan qué es el bien, o no puedan ponerse de acuerdo sobre qué significa esto. Sin embargo creo que sí saben qué es el mal. Creo que todos podemos saberlo. Finalmente es muy sencillo. Se trata de pensar también con el corazón, con las emociones. Las matanzas se perpetúan por las razones, por la educación. El deseo de matar a alguien puede durar un tiempo limitado sin embargo a través de las razones se perpetua ese deseo, se justifica. Yo no buscaría fuera lo que tenemos dentro. No se trata de buscar lo que no veo, lo que no siento. Se trata de comprender la fragilidad de nuestros cuerpos, lo limitado de nuestro tiempo, de nuestra vida, en definitiva estar en nuestro presente. Se trata de comprender el dolor y el daño que la vida conlleva y de no querer hacérsela más difícil a los demás, a sabiendas. La compasión… Quizás esto sea espiritual, al menos suena espiritual, pero para mí tiene que ver con los cuerpos, no sé.

La espera también es un gran tema del que podríamos hablar… ¿a qué espera el hombre?

Sinceramente no sé a qué espera el hombre pero sí sé lo único que al hombre le espera, así que si queremos hacer algo, ahora es el momento. Obviamente la idea del hombre, de la Humanidad, en un progreso constante no se sostiene desde ninguna perspectiva histórica.

Se sigue diciendo que en la élites y altos cargos la mujer sigue teniendo un papel muy restringido ¿Cómo observas esto en la cultura?

Los puestos en los altos cargo de cultura son muy escasos. Las mujeres suelen ocupar puestos intermedios, suelen ocuparse de ejecutar el trabajo, pero su acceso a los altos cargos es muy muy restringido. En realidad hacemos el trabajo sucio y cobramos menos, esto es así. Ayer me sugirieron firmar a partir de ahora mis obras con un seudónimo. Me sugirieron que me pusiera nombre de hombre y a ser posible extranjero, para ver qué pasaba. Me lo dijo una persona sensata. Igual lo pruebo y te lo cuento. Como mujer me siento muy condicionada en muchos aspectos de mi vida profesional. Todavía nos queda un camino largo para que la igualdad se haga efectiva.

Impartiendo clase en la Universidad Carlos III de Madrid ¿Cómo ves a las nuevas generaciones?

Yo no llevo muchos años dando clase como para tener una opinión sobre si han cambiado o no las cosas en los últimos tiempos. Desde mi experiencia sólo puedo decir que a veces me encuentro con alumnos a los que no les interesa nada lo que yo pueda decirles, lo cual me parece bastante razonable, sólo les interesa aprobar o no la asignatura, y lo entiendo. Me da lástima que desaprovechen la oportunidad que a mí me ha dado Kafka, Eliot, Plath, Ajmátova, Celan… Y luego tengo alumnos que sí, que aprovechan las clases. Y estos últimos tras unas cuantas lecturas empiezan a caminar mirando al suelo, arrastrando los pies. El primer tipo de alumno parece mucho más feliz que el segundo tipo de alumno. Pero sigo creyendo que a la larga las cosas serán mejores para el segundo tipo de alumno. Espero no equivocarme.

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