Berta García

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Por Paula Itfish

“La femineidad es una tortura china, una mentira”

 

De Valencia a Rhode Island caben muchos mundos ¿todos los posibles? Berta, es licenciada en Ciencias Políticas (2011) y Humanidades (2013), máster en Political Philosophy (2012) y en Literatura Española y Latinoamericana (2015). Es autora de los poemarios ‘Los salmos fosforitos’ (La Bella Varsovia, 2016), ‘La edad de merecer’ (La Bella Varsovia, 2015), ‘Fresa y herida’ (Diputación de León, 2011), ‘Introducción a todo’ (La Bella Varsovia, 2011), ‘Night club para alumnas aplicadas’ (Vitruvio, 2009) y ‘Manojo de abominaciones’ (Ayuntamiento de Avilés, 2008). Pero tras eso sobretodo es descubrimiento, desvelamiento, búsqueda, mucha sabiduría…toda mirabilia.


A propósito de tu último poemario Los salmos fosforitos, hay a priori una conjugación de tradición bíblica “salmo” y ese destello que puede parecer bastante posmoderno como son esas luces de neón de la era consumista… pero ¿a qué aludes con la fosforescencia de los salmos?

Me gustan mucho los colores, y los fosforitos aún más. Me gusta mucho Kandinsky. Esa calle suya a Murnau me encanta. Supongo que lo fosforito tiene que ver con ese placer básico, fundamental y directo que me produce ver, un placer que, al igual que el de la lectura y la escritura, es físico. Filosofando a posteriori, pensé que, además, lo fosforito sacude un poco el binomio luz-oscuridad, metafóricamente el binomio conocimiento-incertidumbre. Lo fosforito es un umbral epistemológico, pero como si lo claroscuro fuera, aún encima, verde, amarillo, azul o rosa.

¿Qué tiene tu poesía de tradición?¿ y de posmodernismo?

Creo que es muy postmoderno estar perdido y tratar de agarrarse a la tradición. Digo, desde el punto de vista literario. Leer a nuestros viejos es una manera de tratar de ser más conscientes sobre de dónde venimos, lo cual ayuda a relativizar bastante nuestra supuesta originalidad (y nuestra supuesta ahistoricidad; como si lo postmoderno debiera implicar necesariamente una pérdida de memoria histórica; creo que debemos tender a lo contrario: si no hay grandes relatos, pues que los haya pequeños, pequeñamente intrahistóricos, grandemente significativos). Otro elemento postmoderno importante para mí es el de que el estilo, conscientemente, apunte a recoger las condiciones de nuestro tiempo. Es un poco exagerado y simplificador hablar de mímesis y no me refiero para nada a eso. Hablemos mejor de espíritu de época, etc. En mi caso, mucha parataxis, que, si funciona, debería performar mi desconocimiento total.

¿Qué entiende la poesía –o tu poesía- por Posmodernidad?

Ni idea. O sea, “ni idea” es ultrapostmoderno. (Aunque es un poco falso, porque sí sé algunas cosas, todas ellas cursis.)

Aludiendo a ese carácter temporal o, si se quiere, tempestivo ¿qué tiene la poesía de temporalidad?

La poesía es pura y dura temporalidad, como todo signo, lo que pasa es que, como en poesía la experiencia estética se alarga porque el tejido del lenguaje poético se ha densificado (como señaló Jakobson), pues es aún más temporal que otras artes. Como la música, la poesía se extiende en el tiempo, y cada verso es un avance. Un avance que, ojo, si el poema se ha construido con inteligencia y sensibilidad, no es lineal, porque para eso están los encabalgamientos y otras formas de quebrar las expectativas. De manera que nos damos de bruces con la conclusión contradictoria de que la poesía es temporalidad que quiere (y consigue) remover la temporalidad tal y como la “entendemos” (pero no la “entendemos”). Como la memoria (o como las fugas en música, o el estribillo, o, en fin, toda repetición, y toda variante que se remite a una anterioridad), la poesía desordena con vocación de círculo. Algo que tienen en común la poesía (la escrita, digo) y las artes plásticas es que juegan con la temporalidad del espacio, lo cual es muy bonito e interesante.

Me interesan mucho los nuevos conceptos que introduces y las alusiones que haces por ejemplo al término “neo-niña”, lo pop, etc. ¿hay una necesidad de renovación, de vanguardia en tu poesía? ¿Ha de fijarse la literatura y el arte en los tiempo que corren en las mercancías, en el mercado?

Bueno, la verdad es que es muy poco original por mi parte introducir los referentes pop dentro de los horizontes semánticos y socio-culturales del poema, primero porque lo raro sería lo contrario (siendo nuestra sociedad y nuestra constitución identitaria la que es), y segundo porque ya se ha hecho mucho, incluso cuando la sociedad de mercado no estaba tan desarrollada (pensemos por ejemplo en los novísimos). En mi caso intento renovar mi lenguaje más por la vía de la sintaxis y por la vía de lo fónico y lo gráfico, aunque también es cierto que practico (porque no puedo hacer otra cosa) lo que Unai Velasco llamó un “neocursilismo” que, en mi más ardiente esperanza, ha de serme innovador respecto al ethos contemporáneo, tan descreído y tan de placebos y de autointereses madamebovaryanos y tan del amor líquido, etc. Creo mucho en la fe y en la sentimentalidad.

¿Crees que la poesía ha tenido algunos tabúes? ¿Es hora de que la poesía hable de sexualidad?

Creo que la poesía no tiene ni más ni menos tabúes que la sociedad en general. Ahora mismo el tabú que veo yo es el de la belleza femenina. El feminismo ha hurgado en muchísimas heridas, pero hay que seguir hurgando. Nos vamos acercando a uno de los centros del dolor. No tengo las respuestas, faltaría más. Tengo una intuición: que debemos examinar qué pasa con la belleza femenina, desde el punto de vista, no de la “male gaze”, sino desde la nuestra propia (que, he aquí mi fea y asquerosa intuición, tiene mucho que ver con dicha mirada masculina y con la ambigüedad de los caramelos envenados de las opresiones, pero también de los beneficios netamente individuales y siempre poco solidarios, que nos supone ser-deseadas-por-ellos; en otras palabras, ¿cabe hablar de responsabilidad, y si sí, cuál es nuestra responsabilidad femenina sobre los usos y abusos propios y ajenos de nuestra belleza?).

¿Por qué introducir la tachadura, el corte, la grieta, quizá la herida, la nota a pie de página en la Poesía?

En Los salmos fosforitos esta fue una manera (espero que no la única, pues estuve trabando conscientemente sobre, como digo, la sintaxis) de dramatizar el caos de voces que somos. Un caos que, por otro lado, ha de tener su orden (de ahí lo de la sextina) y su lógica (para mí, encajan; es una conversación, y no un diálogo de besugos; o sea, dicen). En otros libros y en otras circunstancias, no, pero en Los salmos fosforitos este caos de voces es bueno, es bondadoso, hay cariño (incluso cuando hay pelea; quiero decir que los yoes no se enfrentan agria y ferozmente, como sí sucedía por ejemplo en Fresa y herida).

Sobre el famoso y casi siempre inútil debate sobre el uso de las Redes Sociales ¿algo qué decir al respecto?

Sí, que son ambivalentes, como todo. Yo tengo mucho conflicto y por eso a veces no contesto mensajes durante semanas, y desde aquí pido perdón, pero es inevitable; como decía Bartolo el de Cruz y Raya, sí me arrepiento y sí lo volveré a hacer. Hace unos meses me fui, luego volví, y así eternamente. Eso sí, a pesar de los claroscuros de la auto-promoción desenfrenada y demás, creo que en Facebook, en mi experiencia, hay mucho compañerismo, y alegría verdadera por los éxitos de los otros, que en verdad son nuestros, porque somos lectores. Quiero decir, la noticia de la aparición de ciertos libros y su alta calidad es felicidad. Los poemas buenos mejoran mucho nuestra vida, así que muchos días entro a Facebook a regañadientes, aterrorizada por las notificaciones, y algún amigo o conocido ha colgado un poema propio o ajeno maravilloso, y la semana, o lo que sea, dependiendo de la intensidad, se me ilumina muchísimo. Por no hablar de cuando nuestros “contactos” nos hacen “descubrir” un nombre, una corriente, un gesto, que nos cambian la vida.

¿Cuál es la mayor mentira que nos han contado?

Que hay buenos y malos, blanco y negro, abierto y cerrado, nosotros y ellos, yo y los demás, etc.

¿Cuál nos seguimos creyendo?

Que somos únicos. Que somos los mejores.

Sobre el proceso compositivo de tu poesía ¿cómo se forman los versos en tu lenguaje?

O en ráfaga, desposesión y concentración máxima, con fiebre, o en calma y desperezándome, con bisturí.

¿Qué ritmos y musicalidad te inspiran a la hora de escribir?

Los ritmos y las musicalidades del modernismo latinoamericano, en particular Rubén Darío, Julián del Casal, Alfonsina Storni, José María Eguren… Creo que tengo tatuada esa cadencia. En lo extraliterario, no sé si me inspiran, pero ojalá que me inspirasen los grandes del flamenco. Bueno, de hecho tengo tatuado un verso de San Juan de la Cruz, pero en mi mente no está solo, suena en la versión flamenca de Enrique Morente, claro. También me gustaría que me inspirasen Tchaikovsky y Shostakovitch. Soy muy romántica.

En Los salmos fosforitos inunda y abunda el verso de Bécquer -volverán las oscuras golondrinas- ¿qué te inspira y hacia dónde va esa reinterpretación del verso?

En este libro muchas voces me brotaron, y no decidí yo consciente y vigilantemente las que salían y las que no, y digo salir por eso de pensar, metafóricamente y por poder imaginárnosla, la mente como capas de nivel de consciencia (como capas de un pastel). Ese verso de Bécquer me surgió, creo, porque me lo he repetido muchas veces. Sensualidad, sexo, futuro, pasado… Es una conjura que me gusta mucho. Me encantaría que fuera un conjuro.

Volviendo al tema de la sexualidad ¿qué función tiene hoy lo explícito y/o pornográfico?

La verdad, me da un poco de pena y de vergüenza ajena cuando se intenta provocar al lector vía menciones explícitas o pornográficas. Es como que, mierda, nuestra sociedad está organizada en relación a la hipersexualización, está por todas partes y, además, se sublima, se superpone con una reapropiación del lenguaje de la liberación sexual, pero ¿te crees que me escandaliza que digas coño, polla o dar por culo? Al contrario, me causa mucha fatiga. (Lo digo también por mí. Me causo y/o me causé mucha fatiga.)

Después de la anterior pregunta ¿cabe aún la sensualidad?

Sí, pero tampoco es que me interese mucho en estos momentos. Me gustaría saber si puede haber pornografía o sensualidad, o incluso sexo, sin todo ese despliegue necesario de ritos y expectativas mil millones de veces prefabricadas, y con fortísimas connotaciones (jamás neutrales, jamás inocentes, y jamás fáciles de tragar) de estereotipos de género.

¿Ha superado la Poesía su propia muerte o está en fase de resurrección?

Nunca jamás murió. Es como decir que el pensamiento o el sentimiento murió. Como decía aquel, no estaba muerta, estaba de parranda.

¿Cómo ves a la Literatura española cuando estás fuera? ¿y cuando estás dentro?

Estoy muy obsesionada con mi país, y creo que eso me pasa por estar fuera. Me doy gracia porque me veo un poco ridícula leyendo cuatro periódicos españoles al día, tratándome las noticias de la 1 y de Tv3, etc., parezco una caricatura del 98, sufriente y luego, de repente, absurdista y meta (pienso en Unamuno). En mi descargo diré que la literatura española, así en general, tiene muchísimos tesoros y que soy feliz de haberme centrado, como lectora y académica in progress, en este canon y no en otro (para descentrarlo, o no, o a medias, claro). En cuanto a la poesía, como decía antes, me parece que la poesía que se está escribiendo ahora es, en general, muy buena, y hay tantos y tantas poetas interesantes que es muy poco apabullante y difícil de gestionar, porque me falta tiempo. Ahora bien, estaría bien empezar a pensar en términos de lo hispanohablante; no digo que el Estado-nación no importe (muy al contrario, importa; importa, exporta, limita; es fronteras), sino que a ver si nos podemos las pilas (y lo digo más que nada por los editores y los difusores culturales) y hacemos que importe menos.

Dos conceptos a los que aludes y con los que juegas y de los que me gustaría repensar su papel ¿Qué son para ti la ironía y la femineidad?

La ironía es distancia; un grado más de lejanía y llegamos al cinismo. No me gusta la distancia, mi humor es más tonto, y quiero cercanía y empatía con la gente y con las cosas. La femineidad es una tortura china, una mentira. Es bullshit, y estoy extremadamente harta y no sé qué hacer, me tiro de los pelos todos los días, me mortifica.

Por establecer sinergias ¿qué opinas del lema agudo “virtud es terror” o “perfección es hipocondría” que han salido ya por estos lares gracias a la genuinidad de Ismael Crespo y Constantino Molina?

Me adscribo al pie de la letra a ellos. Añado a Sylvia Plath y su “not being perfect hurts” (y sugiero a los lectores que busquen la etimología -y el significado gramatical- de perfecto-imperfecto, que tiene mucha miga) (creo que el perfeccionismo es una mierda para todo el mundo, pero que tiene una clara marca de género), y a Cioran entero, y a Camus y su Calígula, donde alguien dice (cito de memoria y quizás invento): “para ser hombre hay que renunciar a ser dios”. Y a Rorty.

Por último, para ti ¿qué pregunta sigue retumbando en la Historia?

¿Por qué somos tan hijos de puta? ¿Cómo podemos ser menos hijos de puta?

Y ¿qué pregunta debe hacerse la poesía?

¿Por qué Catulo escribió -y por qué lo leemos- “Ha muerto el gorrión de mi amiga”?

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